Seguimos con las recomendaciones de tinte fraternal, y ahora es el turno del Bar Restaurante Hermanos Remon. Situado en la caudalosa calle Numancia, el Remon es más bar que restaurante, y más que bar es un barucho en el que uno se puede tomar unos quintos, medianas o incluso unas Moritz en un ambiente decadente, acompañado de algunos de los seres más marginales del barrio de Les Corts. El camarero, de mirada siniestra y desconfiada, no parece especialmente entregado a su trabajo, aún así es efectivo y discreto y ofrece al público una desconcertante elegancia, en impecable blanco y negro con chaleco incluido. La variedad gastronómica se ve reducida a bocadillos, bravas, olivas y bolsas de patatas. En este sentido cabe de
stacar la pizarra de tapas, donde en letras grandes reina un solitario "PATATAS BRAVAS". El bar se divide en dos áreas: la ocupada por la barra, las tragaperras y una televisión diminuta sin volumen; y la otra, huerfana de sillas y de parroquia, habitada por algunos trastos y una televisión más grande sintonizada en un canal musical y que nadie de la clientela mira, aunque inevitablemente escucha, debido al alto volumen al que esta se encuentra. Como curiosidad, destacar la zona de la barra más cercana a la puerta, rebosante de botellines vacíos de toda clase de bebidas y zumos, un improvisado almacén a la vista de todos al que nadie, ni siquiera el camarero, presta atención. Y lo mejor para el final: la terraza del Remon, en plena confluencia de Numancia y Travessera de Les Corts, un lugar ideal para beberse unas Moritz y
ver como los pijos bajan de las alturas y se dirigen a la Barcelona plebeya.Servicio: Correcto
Higiene del personal: Correcta
Fumabilidad: Total
Vida animal: Probable aunque invisible
Limpieza: Empañada
Calificación final: 2 oros negros
1 comentario:
al cabo de unos días, los mismos botellines permanecían en el mismo rincón de la barra
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